Hola:
Tengo sueño. No sé por qué empiezo esta entrada, ni siquiera sé qué decir. No tenía pensado escribir nada, pero por algún motivo me apetecía darle al teclado.
Esta mañana me levanté tarde y volví a casa (tarde, también) para comer con mi familia, aprovechando el puente del Día de la Hispanidad.
Qué bonita palabra, Hispanidad... No sé ni qué significa, y eso que hoy había miles de actos en su honor. Yo, sinceramente, cada vez paso más de todo, de política, de las noticias, del mundo... Cuando a veces veo la televisión o escucho la radio, resulta que hay rebeliones en marcha: que si el movimiento antimonárquico por aquí, que si los fascistas por allá... Y todo ocurre porque no sabemos convivir en paz; siempre tiene el ser humano que meterse en la vida de los demás.
Hasta cierto punto lo comprendo, como los padres que indagan en la vida de sus hijos, supuestamente para protegerlos; o los amantes, ya sean celosos o no, que se preocupan por la vida de sus parejas. Sí, es molesto, aunque digamos que tiene cierto trasfondo protector pero, la verdad, el decirle a uno cómo ha de pensar, vivir su vida u otras cosas, creo que es pasarse. Lo peor de todo es cuando no sólo se intenta uno meter, sino que además intenta imponerse coartando las libertades de los demás. Claro, luego llega el otro que se niega a hacer lo que le dicen y ya está el follón montado. ¿Y todo por qué? Porque la gente no sabe vivir y dejar vivir.
Luego resulta que igual soy yo el que se mete demasiado en la vida de los demás, pero no es culpa mía que la rana Gustavo fuera uno de mis personajes favoritos de Barrio Sésamo (si todo el mundo utilizara esta excusa, igual irían mejor las cosas).
Sin más que decir por decir, me despido.
Hasta pronto.
viernes, 12 de octubre de 2007
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