Hola:
No es el mejor momento para escribir una entrada. Me encuentro un poco alicaído por motivos personales. Es injusto que esté así, y además es fruto de mi egoísmo, pero me alegra ver que soy normal y, como la gente normal, me voy a gastar el dinero que no tengo esta noche. Tenía pensado ir a la fnac y a cenar por ahí, y he conseguido reclutar a gente del piso y a un amigo.
Mientras hacíamos tiempo se ha puesto a llover, así que ahora no sé si saldremos, pero todo apunta a que sí, aunque esté lloviendo fuerte. Todos necesitamos salir por ahí. Y yo, de verdad, quiero ir a la fnac a comprarme el aparato ese que aumenta la señal de Internet. Es que veréis, ahora estoy sentado en la cama escribiendo porque, si no monto la "paraeta" aquí, no recibo la suficiente señal para poder chatear, navegar, consultar el correo, etc. Y de paso a ver si me despejo, que sólo de pensar en el follón de bajar a casa se me reconcomen los nervios. Es que cuando uno empieza a distraerse de las clases, se le amontona la faena.
Hoy he visto una oferta de trabajo sobre la que quiero preguntar a ver, en el Corte Inglés. ¿Quién sabe? A lo mejor me saco un buen dinerito, que bien me vendría.
Al final sí que vamos a Barcelona, así que voy a terminar de escribir esto y me cambio. Me pondré la camiseta del "pickel", que olía rara y me sabe mal tirarla a lavar porque sí, con lo que intentaré sacarle uso. Con un poco de suerte no iré echando pestes y me ligue a algún camarero. O tal vez salga a colación el tema de mi sexualidad y pueda salir del armario para éstos, que oficialmente no lo saben.
Hablando del tema, es una murga hacerlo. Hoy he tenido tiempo de meditar sobre el tema, a raíz de una conversación que he tenido con alguien a quien en poco tiempo estoy apreciando mucho. El caso es que después de darle vueltas a dicho asunto me he dado cuenta de que ya casi ni recordaba lo que es estar alerta todo el rato por si una mirada es excesivamente larga o si el roce de las manos se puede malinterpretar; ya casi no recordaba lo que es estar en tensión continua por si algún conocido te ve haciendo algo "anormal" o, simplemente, vigilando a todos los presentes por si te acusan de ser "mariquita" y no te vuelven a hablar. Recuerdo que me costó decírselo a mi mejor amigo, y que luego me pillaron otros amigos (más o menos), y que al final se lo dije a mis padres cuando tuve mi primer novio (que duró bien poco), pero en los casos en que lo dije fue porque quise y, la verdad, es lo mejor. Porque cuando lo dices cuando quieres es cuando estás preparado para afrontar cualquier reacción, ya sea positiva o negativa. Con el tiempo sólo son malos tragos que acaban olvidándose, especialmente si las reacciones son positivas; todo pasa a un segundo plano y lo más importante es el presente. Hoy en día contesto si me preguntan; si no lo hacen, a nadie le importa quién me gusta o deja de gustar, porque al fin y al cabo es mi vida y de nadie más.
Novedades de última hora: no nos vamos. Está cayendo una que da gusto. Y para colmo, mis queridos compañeros de piso han invitado a las chicas de arriba a cenar, con la manía que les he cogido. Y uno de los del piso casi me ataca a la yugular porque no quería que vinieran esas... Tira més un pèl de figa que una maroma de barco (refrán popular).
En fin, voy a ver si dejo de desvariar ya y publico la entrada.
Un abrazo a tod@s.
miércoles, 10 de octubre de 2007
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