Me he levantado después de oír tres o cuatro veces las múltiples alarmas que tenía puestas. Al cabo de tres horas de ultimar preparativos me he puesto en marcha otra vez hacia las tierras catalanas. Lo primero que he hecho ha sido parar en la gasolinera para hacer el lleno y mirar la presión de las ruedas; el manómetro estaba estropeado, con lo que en vez de deshinchar he hecho lo opuesto, así que me ha tocado seguir camino hasta la primera área de servicio que hubiese en ruta.
Una vez solucionado el problema de las ruedas ya sí he seguido camino hacia Barcelona, no sin antes pagar cerca de 25 € de autopista. Al llegar al hotel no había luz, así que me ha tocado utilizar el sistema antiguo de iluminación solar. Afortunadamente no han tardado en solucionar el problema y he podido enchufar el a/a (aire acondicionado, para l@s que aún no lo sepan). Siguiente paso: ir a echar la solicitud de reserva de plaza en la residencia; tampoco tenían luz y aún no lo habían solucionado. En este caso he optado por volver después, a la espera de solucionar definitivamente el trámite.
Vuelta a la habitación, ducha gloriosa, tarde de lectura, retorno a donde la residencia. Esta vez ya tenían luz. ¿El que me ha atendido era gay? Porque diría que sí, pero bueno…
Al volver al hotel he vuelto a deleitarme la vista con el recepcionista, que está buenísimo. Al cabo del rato he bajado a cenar, y le he preguntado dónde era la cena (como si no lo supiese, pero hay veces que es mejor hacerse el tonto) y me ha indicado el lugar donde nada más entrar se me ha quedado mirando el camarero, probablemente porque no cuadra un chico joven, melenudo, sin afeitar, en vaqueros piratas y zapatillas de deporte en un hotel de 4****. Y cuando me he fijado… qué ojos. Este debe ser el hotel de los bombones, porque están todos buenísimos. Lo malo es que parezco la única perra en celo, y ni siquiera sé levantar el rabo; debo empezar a plantearme el llamar la atención, vestirme de fucsia y esas cosas obvias, pese a ser objetivo de gamberros (léase la entrada previa). Mejor me controlo, mañana será otro día.
P.D.: Me encanta el hotel. Más bien, ME ENCANTA. Bueno, el mosquito que acabo de ver sobra, pero por lo demás esto es genial. Ya lloraré el gasto luego, que de momento es un gozo.
Qué mala noche he pasado. Lo que no se puede hacer, por lo visto, es quitar el aire acondicionado para dormir; ¿que temes por tu garganta y sistema respiratorio? Pues ya se curará. Eso es lo que tendría que haber pensado esta noche, porque no recordaba haber sudado tanto desde hacía mucho tiempo; vamos, creo que desde el principio de estar en Inglaterra, que no conocía demasiado bien las edificaciones de allí y me cocinaba vivo por las noches.
Pero, ¿quién va a pensar que uno puede sudar en un hotel de 4****? Y no me sirve lo de que ahí no se suda, se transpira. Motivo de tal sofoco: por una parte el calor, y por otra (principalmente) porque el colchón tenía un protector de esos plastificados para evitar mancharlos si se suda u otras cosas (pensad en los múltiples fluidos que fabricamos los humanos). Resultado: que a eso de las cinco y media me he despertado bañado en sudor y me ha tocado desplazarme a un ladito del colchón, pero como el pijama estaba mojado he terminado medio enfriado.
A eso de las ocho me he levantado, duchado y bajado a desayunar. Buffet libre: fruta natural lista para comer (piña, melón, uva con pepitas), cereales, zumos de fruta (piña, melocotón, naranja), leche entera, agua, pan, huevos revueltos, fiambre, queso, chocolate, tarta, etc. Después de un desayuno que, a pesar de todo lo mentado (y lo que me he dejado), dejaba un poco que desear (también es cierto que yo hasta el segundo desayuno no le pillo el truco a lo del buffet), vuelta a la habitación a hacer tiempo.
A las 11 tenía una charla sobre la carrera, donde en teoría nos tenían que explicar lo que teníamos que llevar a la matrícula, cómo funcionaría el proceso y otras cosas que ahora no recuerdo. Puesto que una señorita muy amable (que sólo me hablaba en catalán pese a yo hablarle únicamente en castellano) ya me había dado todo lo necesario para la matrícula (agenda, guía del alumno, carpeta, papeles para la matrícula y la hoja de pre-matrícula), al salir del aula donde se había impartido la charla fui a localizarme en las listas donde se suponía que me dirían la hora y el día que me tocaba ir a matricularme… Martes, 24 de julio, a las
Después de una acalorada conversación (bueno, dos) con mis padres, el resultado es que me ha tocado ir al hotel, cancelar la reserva, pedir la cuenta y volverme a casa. Debido al enfado creo que he vuelto más rápido de lo normal, pero tenía motivos. Gracias, oh gracias, a mi querido mecenas que me permite ir a su casa a ser alimentado con macarrones y salsa de tomate (sí, la misma “española” de la entrada previa) de casi una semana de antigüedad (la salsa, no los macarrones), y también el desahogarme por la minucia de haberme quedado sin “vacaciones”.
Ya en casa la cosa se ha normalizado (no es así, pero no me apetece extenderme más con esto) y digamos que no me sabe tan mal el haber vuelto. El lunes volveré a las carreteras para hacer noche en el mismo hotel (si el chico me reservó una habitación) y asistir al proceso, supongo que interesante, de una tutoría personal previa a la automatrícula (¿conseguiré trato especial o no? ¿Me quedaré sin lengua C; conseguiré dos?). Más en sucesivas entradas.
Un abrazo.
P.D.: A pesar de los “problemillas”, el servicio del hotel es muy bueno; sigo recomendándolo. Hasta otra.
P.P.D: Si creéis que es largo, lo he acortado, jejeje. Saludos.
2 comentarios:
Me caes mal. ¿Cömo que salsa de tomate? Era Salsa Española a la Catalá!!!
Ay, si no te quisiera taNBTO... (Y SI NO TUVIERA TANTO INSOMNIO, POR OTRO LADO...).
Iba a escribir una entrada dedicada a la salsa, pero he especificado que era salsa "española" entre paréntesis, así que se queda como está. Ni siquiera habrá modificación de la entrada, jejeje.
No obstante, queda constancia del nombre correcto en tu comentario, a la vista de todos los que quieran leerlo.
Hasta la próxima. ;)
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